La Industria Musical, Internet y Otros Males Comunes.

Aquí os dejo algunas reflexiones de un gran amigo, el mismo que dió titulo a esta web y el que seguramente te dejó perplejo cuando escuchaste sus canciones. Lo que cuenta aqui son acontecimientos reales de la pasada noche del Viernes. No te lo pierdas, por que da en el clavo con muchas de las cosas que le están sucediendo al Arte con el panorama pólitico, económico, social y tecnológico actual.

Disfrutalo, reflexiona y se feliz.

A la sazón de ciertas recientes nocturnidades un pelín trastornadas a brotado una necesidad expresiva que pretendo consignar en este texto. Beber como bebí anoche me pone furioso, me enajena y me arrebata la sentimentalidad, toda suerte de delicadeza artística, me embrutece y me ciega. Beber sin profundizar en las consecuencias emotivas, como estoy haciendo ahora con las drogas yo en mi casa, que mido cada dosis, analizo sus efectos y no sobrepaso la ebriedad que busco sino que me concentro en proyectarla en todo su potencial para que se obre el milagro y el arte fluya mágicamente de mi sensibilidad a la expresión deseada, me destruye y me incita a lo más sombrío de mi carácter. Es un compromiso estético el que mantengo con las drogas. Pero cuando salgo por la noche y bebo sin mesura, saltándome los rituales y fallando a mi compromiso, pierdo el norte. Soy como el relámpago tras el trueno, un furibundo personaje sin una pizca de comprensión ni de empatía, espesa y vulgar cerrazón.

Ayer fallé a mis amigos. O esa es la impresión que tengo. Ayer fallé a la responsabilidad de vivir en cierto estado de consciencia de las cosas que, desde mi resucitar de entre los iracundos, después de dos años de tormentos obsesivos, angustias, sinsabores, amarguras y desencantos varios, me he autoimpuesto a mí mismo como una ley de obligado cumplimiento. Fallé a la sensibilidad poética, humana y pasional que me he propuesto como norma. Así que me he despertado profundamente deprimido. Tenía ganas de suicidarme. Auténticas ganas de desaparecer para siempre. No sabría explicar el por qué de estas emergencias tortuosas. Me he despertado ahíto de amargura.

Ya no recordaba lo que era sentirse así, y era extraño, porque es muy muy reciente el que no sea en mí habitual lidiar con un temperamento que se descompone en amarga depresión. Serán dos meses los que llevo saboreando la vida en otro plano tras casi tres años de rutinas insoportables en las que vencer ligeramente la apatía y un desconsuelo aparentemente incurable era ya triunfo. Ahora la apatía ha desaparecido por completo. Por norma general me siento satisfecho y feliz, con las subidas y bajadas propias de mi personalidad siempre desenmascarando el equilibrio, pero sin hundirme jamás, sin jamás perder la fe en mí mismo, en la vida o en el arte; requiebros que cuando se tornan en depresión no me arrebatan el sentimentalismo sino que lo potencian y en cuya tristeza se puede nadar gozosamente.

Hoy he tomado consciencia del cambio radical que se ha producido en mi vida. He escapado de unas frondosas y desangeladas tinieblas renacido como el hombre que fui, pero con una calidad humana, educada en el sufrimiento extremo, que antes siquiera podía vislumbrar. Sufrir como he sufrido me ha unido a casi todo bicho viviente. Comportarme con la crueldad, la arrogancia y la insensibilidad de las que hice gala la noche anterior no es propio de la persona que soy en la actualidad. Sé que me van a perdonar, me lo perdonan todo, pero necesito disculparme antes de prolongar el discurso.

Perdonadme, amigos. Vivís en mí, no puedo heriros sin herirme. Lo siento de corazón.

Todo empezó a enloquecer al calor de una apasionada discusión. Debatíamos la crisis musical y la obvia influencia en ella del desarrollo de internet. Jose y Alfredo abogaban por el progreso tecnológico y la libertad cultural, cantaban las maravillas del asombroso cambio de paradigma que ha resultado de su uso casi universal y se estremecían ante la posibilidad de una legislación restrictiva que pervirtiera la naturaleza salvaje de la red. Yo, en cambio, que mantengo una postura, no sólo de escepticismo, si no de encarada oposición, y no por lo que es, si no por la hipocresía demencial que se estila por parte de los usuarios, me puse hecho una furia, y más allá de defender mi posición con opiniones me dediqué a avasallarles. Me vienen fogonazos de imágenes de los camareros del Templo del Gato mirándome entre la sorna y el escándalo por lo desproporcionado y temperamental de mi arrebato; imágenes que me sumen en la melancolía, que me llenan de vergüenza y me atormentan; imágenes que trato de sepultar en el olvido para sobrevivir al caos emocional que hoy me abate.

Tal vez escriba esto con un propósito redentor. Tal vez esté pagando un tributo a los dioses. Lo peor del caso es que entendía la posición de mis amigos, no estábamos muy lejos los unos de los otros salvo por las implicaciones que se derivaban de los términos con que ellos expresaban sus ideas. Eso me parecía mientras discutíamos. Puede ser fatal no separar impresiones de ideales o computar hechos y circunstancias dentro de una filosofía, sobre todo cuando esta ve en todo una confabulación contra la libertad. El discernimiento, toda la lucidez que pueda desarrollarse en la persona, cuando pretende comprender una circunstancia, más o menos enrevesada, con más o menos factores implicados, debería liberarse de ideas preconcebidas, debe, así lo entiendo yo, desnudarse de ideologías para alcanzar un mínimo de objetividad. En el fondo sentíamos todos lo mismo. El lenguaje nos separaba. Y yo estaba insoportable.

Jose es un artista, como habrán comprobado los pocos que han tenido el placer de relacionarse con su música de manera íntima, muy particular, soberbio en sensibilidad, lo que le falta en técnica lo compensa con una intuición exquisita. Es una verdadera mierda que un individuo de su talento tenga que grabar en su casa en unas circunstancias que nada le permiten desarrollarse en plenitud. Es una mierda que la sociedad asuma natural su estado, que empieza a ser un caso típico, y que él, por efecto del rechazo, se vea condenado a una expresión ínfima de su arte. Es una mierda que sus canciones abracen la obsesión casi de manera sistemática del desencanto y del rechazo a una sociedad que le rechaza a él, porque evidencian una realidad, como no podría ser de otra manera en un artista fiel al desnudo artístico, muy muy chunga en la cultura.

Y esto lo digo aunque sepa que él no está de acuerdo, es una mierda que crea que hoy día se compite con un número de músicos muy elevado y que vivir de la música es, por ende, un regalo del cielo, o que piense que es ignorado precisamente por su autenticidad, porque no es cierto. Sí, cada vez, y esto es en verdad algo maravilloso, la cultura es menos elitista, cada vez más y más gente tiene la opción de educarse a su aire y de expresarse artísticamente. Pero no todo el mundo nace con una predisposición a la belleza, con una -no la llamaré genialidad, aunque crea a fuego que una sensibilidad desarrollada es la esencia de toda genialidad- digamos intuición tan bien fundamentada como la suya. Su talento es excepcional, en todas las acepciones del término. Lo que falla aquí es la carencia cada vez más pronunciada de infraestructuras. La música ha dejado de ser rentable y empieza a ser tarea casi imposible dar a luz a nuevos artistas. Guste o no la música es un negocio. Ya la palabrita debe levantar ampollas. A eso me refiero con las implicaciones ideológicas.

Parece que la gente no entiende que al pagar por arte uno está haciendo algo más que enriquecer a las temibles corporaciones, está expresándose, está dando fuerza a aquello que nace desamparado, está rebelándose, si es que por casualidad invierte en material auténtico, contra la porquería habitual, está dando alas a la cultura, está financiando y dando soporte a aquello que ama, y creando, indirectamente, plataformas desde las cuales, muy probablemente, surjan nuevos talentos que puedan, tal vez, en el futuro, conquistar su corazón. Para quienes, como es mi caso, el arte no es entretenimiento, sino una forma de vida muy personal con implicaciones que trascienden el arte mismo y que se ramifican en casi infinitas direcciones, para quienes un disco, una película o un libro ha salvado su alma, para quienes la vida sin arte es una demencia, debería ser escandalosa la posición fanática del internauta medio. Hay que ser rematadamente estúpido para pensar que un artista puede sobrevivir o nacer sin nuestro apoyo. Hay que ser verdaderamente estúpido para no reparar en que determinadas actitudes timoratas frenan e incluso destruyen la cultura. Y es cierto que es un sacrilegio imperdonable que las discográficas no hayan sabido adaptarse a los tiempos, pero apelar a esta idea, frotarse las manos con su destrucción, sucumbir a la inercia antisistema con furor de paleto y el auge anodino de una expresión coercitiva, redundante y carente de imaginación, a la prolijidad patológica por abanderar no sé qué causas contra los infames y no ver más allá de sus narices, intoxicados por una afición mórbida al apocalipsis, es el resultado de una falta de perspectiva rayana en el conservadurismo.

Una serie de aprovechados hijos de puta se están enriqueciendo sin que nada de ese dinero revierta en cultura, y a ellos les parece un símbolo moderno de progreso e independencia cultural. Es verdaderamente histérico. Sería un error poner barreras a internet, pero desde luego que deberíamos plantéanos soluciones prácticas y justas para evitar insanias absurdas que serían perfectamente remendables con un mínimo de sentido común. Es este un debate que debería plantearse sin maniqueísmos. Evolucionamos y debemos adaptarnos.

Me inflamo de ira pensando en esto. Y es normal que lo haga. Es horriblemente natural. Yo creo en Jose, creo en su talento, y no porque sea mi amigo, soy de juicios insobornables en cuanto arte se refiere, Jose lo sabe. Sería incapaz de mentir. No son lo mío confraternizar gratuitamente a las causas de honor. Pienso que fidelidad y honor son conceptos que obsesionan a quienes han crecido en entornos donde la seguridad ha sido dañada y han sufrido cierto desarraigo. No es mi caso. Entiendo esta predisposición como una actitud a superar. No hay nada noble en la hipocresía. Para ser files hay que ser sinceros, duela lo que duela.

Jose es un músico de talento incuestionable. Así lo pienso. Y debería existir en la sociedad que habita un espacio para él, debería ser así. Ya es complejo encontrar un sentido a la vida, y cuando uno lo encuentra, y es éste, además, un regalo a los sentidos para la humanidad, no deberíamos tolerar la indiferencia del mundo. El talento sin estímulos no despliega todo su poder. Una vida gris no ayuda a un artista a florecer.

El artista debería ser independiente y debería poder dedicarse por completo a su arte. No todos los que hacen arte son artistas. Ser artista es algo mucho más profundo que dedicarse a escribir canciones o libros, pintar, o rodar películas. Ser artista es vivir artísticamente y dejar constancia de esa vida, una vida entregada al deleite y a la belleza, para el deleite circunstancial de otros.

La capacidad de vivir absorbido por la belleza, entregado por entero a ella, no es una cualidad que redunde en los seres humanos, aunque todos seamos capaces de vivir puntualmente el fragor que emana de ella, beber de su drama y paladear su voluptuosidad, pocos entienden los procesos de extraer su elixir. Un verdadero artista encuentra en su arte su religión. El ego muere en el verdadero artista. Una sociedad sin artistas es una sociedad inhumana, una sociedad muerta. Firmar un progreso que se desentiende del arte y del artista es una necedad. El progreso debería tender la mano al arte.

Y este es mi círculo de amigos. Verdaderos artistas a los que defenderé a muerte. Hemos desarrollado juntos un vínculo que muy pocas personas tienen la suerte de vivir. Mi depresión, ahora lo veo claro, fue, entre otras cosas, motivada por nuestra separación. Todos nos hundimos más que menos y ahora volvemos con fuerza a sentirnos vivos, a disfrutar de la vida y a luchar por lo que entendemos es vivir, cada uno siguiendo las directrices de su personalidad y convicciones. Nuestro entorno es el germen y nutriente de un arte digno de la eternidad. Nuestro estilo de vida, lo sé, sin duda alguna, merece la pena. Somos dignos, como lo son muy pocos, de llamarnos artistas. Nadie me va hacer dudar de eso. Ni todo el rechazo del mundo ni la estupidez de unos fanáticos de atrofiada sensibilidad.

Chechu.

El Perro y el Frasco

Hace unos días recibí un mail de Chechu con un texto de Baudelaire con la intención de que lo publicase en la web y además animarme un poco (curiosa forma de animar a alguien) pero sí lo suficiente como para esbozar una sonrisa. De hecho es bastante divertido, y la pequeña audiencia de esta web, creo yo, lo sabrá acoger como es debido.

VIII

El Perro y el Frasco

“Mi lindo perro, mi buen perro, mi querido pichicho,

acércate y huele el excelente perfume comprado
al mejor perfumista de la ciudad”.
Y el perro, meneando la cola, que es, para estos
pobres seres, el signo de la risa o la sonrisa, se acerca,
y pone curioso su nariz húmeda sobre el frasco abierto;
luego, retrocediendo de repente con temor,
me ladra como reprochándomelo.

-”¡Ah! perro miserable, si te hubiera ofrecido un
montón de excrementos lo hubieras husmeado con
delicia y hasta lo hubieras comido. Tú también, indigno
compañero de mi triste vida, te pareces al público,
al que jamás hay que ofrecerle perfumes delicados
que lo exasperen, sino basura cuidadosamente
seleccionada.”

Boudelaire

Este texto será un buen enunciado para presentarte a uno de los mejores músicos y compositores que jamás ha dado este pais. No, no le conoces ni es alguien popular y posiblemente no llegue a serlo ya que su existencia esta entregada al arte, para lo bueno y para lo malo, con todas sus consecuencias.

La gente de mi entorno sabe y a escuchado de mi propia boca en repetidas ocasiones que yo he tenido la “suerte” de haber tocado y haber creado música con algunos de los mejores músicos del mundo. Tal vez Kill Karma no sea el lienzo que nos defina con totalidad y seguramente de hecho ni se aproxima por circustancias que no merece la pena escribir aqui y ahora. Cuando digo los mejores, lo digo con pleno conocimiento de causa ya que algo he escuchado y conocido sobre la música como para llegar a tales afirmaciones.

Ni siquiera te pido que lo comprendas, sólo escuchalo y dejate llevar por la atmosfera de estas grabaciones, cierra los ojos y entregate plenamente a las frecuencias que van a salir de aquí, a la ternura y la melancolía que su voz y sus acordes te van a regalar.

Lo que aquí se te ofrece es uno de los perfumes más delicados que puedas llegar a probar nunca. ¿Exasperante?, posiblemente si, pero cierto y natural, encantador y aterrador.

Le he visto practicar varios registros, desconstruir su forma de tocar y cantar, adentrarse en lo feo del arte y tocar fondo, renacer, morir y volver otra vez a renacer. A la altura y seguramente mejor que Antonio Vega y Aute… ójala termine de renacer y pueda, y el mundo quiera aceptar su arte. Sería una pena para la humanidad que cayese en el olvido alguien así como a tantos otros les habrá pasado. Su obra ha de estar en nuestras manos.

Te dejó con el. Chechu, Romeo Cosardiela, Seruat… llamalo como quieras ya que jamás llegarás a conocerle del todo.

Escuchalo y dejate llevar.

Eternamente Jóvenes

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Vientos del Norte

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