Acerca de Alfredo

Alfredo González es poeta, licenciado en Ciencias Politicas y colaborador en estambreweb.com

España me da vergüenza

97aca7c96c26fde580243bbea6487e1a_articleLa vergüenza es un sentimiento curioso porque parte del dolor. Esa intranquilidad, esa sensación de asco en la boca del estómago solo nos la proporciona ver aquello que queremos humillado. Por eso puedo decir sin ningún tapujo que España me da vergüenza. Ese es el sentimiento que me invade cuando veo a gente rebuscar comida en la basura. No por ellos, sino por todos nosotros.

Me avergüenzo de pensar en un doctor en Sociología poniendo copas en Londres o en un ingeniero malviviendo con 600 miserables Euros en Berlín. Siento asco al pensar en mi generación destruida y humillada por un 50% de paro juvenil mientras nos llaman NI-NIS. Salvo que eso signifique “Ni trabajo, Ni futuro” esta expresión no es mas que un insulto escupido a nuestras caras.

Me inunda una profunda vergüenza al leer que desde 2008 mas de medio millón de ejecuciones hipotecarias han sido llevadas a cabo mientras mas de 1 millón de casas siguen vacías. Pero vivimos en tiempos veloces y rápidamente paso de la vergüenza al asco cuando pienso en que los políticos de este país han cambiado la constitución para anteponer el pago de la deuda a cualquier otro gasto. Una deuda privada, causada por unos bancos con alma de aves de rapiña. Miles de millones de Euros de nuestros bolsillos sirvieron para convertir esa deuda en pública y ahora desde la comodidad que dan sus pensiones millonarias nos condenan a todos a (muchos) años de privaciones. Pero debo tener cuidado, estar atento, puede que un policía me dispare una bala de goma y me deje tuerto si me duermo en los laureles. Tal vez me golpeen con una porra de acero o sencillamente terminaré en la Audiencia Nacional por el terrible delito de escribir estas líneas.

Si fuera un borracho putero y corrupto tal vez podría relajarme cazando elefantes en África, lástima que la jefatura del estado se obtenga por vía vaginal y mi madre no sea la afortunada.

Así pues pongo la televisión para revolcarme de nuevo en la vergüenza al ver como poner pegatinas en una pared se considera mas violento que expulsar de sus casas a familias enteras. 15.000 desahucios dice el ex ejecutivo de Lehman Brothers que tenemos por ministro de economía. ¿Realmente tenemos que creernos que con un 26% de paro, con mas de 5 millones de personas sin empleo, con 1,7 millones de familias con todos los miembros  desempleados, solo 15.000 personas han dejado de pagar su hipoteca? Cuando a todos nos toman por estúpidos la vergüenza empieza a quedarse corta y es repugnancia lo que revuelve mi estómago.

Tal vez es que a pesar de tener 29 años soy un soso. Los jóvenes nos marchamos de este país por espíritu aventurero, o eso nos dicen. O puede que sea un violento radical antisistema como twitea algún que otro diputado desde el I-Pad que le regalan con mis impuestos. Aun que, ahora que lo pienso, tal vez tenga  razón la Sra Cifuentes y lo que sucede es que soy un filo etarra criminal por mucho que sea mas madrileño que el Oso y el Madroño.

Lo único que tengo claro es que pertenezco a la primera generación de españoles, en décadas, que sabe positivamente que su calidad de vida será peor que la de sus padres. Y siento un asco hondo, profundo y visceral al observar la pasividad de la gente que agacha la cabeza y sigue adelante por mucho que ante sus ojos solo se extienda el abismo. Por si no fuera lo suficientemente triste ver que nos han robado el futuro, tengo que observar como también nos han quitado el valor de luchar por lo que es nuestro. Podría entender los contenedores ardiendo y las huelgas salvajes, pero no puedo soportar los gritos de “Yo soy español” después de un partido de futbol. Da igual donde has nacido, los pobres no tenemos patria. Los pobres tenemos hermanos de privaciones y deberíamos tener hermanos de lucha. Así  que me repito, me da vergüenza España por que me duelen sus gentes. Y me da vergüenza saber que este pequeño texto será entendido por muchos como un grito radical cuando en realidad es una carta de amor.

Autorretrato

Soy hijo del hambreFrancisBacon autorretrato 1971_thumb[3]
y del miedo de mis padres.

Vivo solo en una casa
con vistas al mar,
aunque soy de los suburbios,
de las vísperas de nadie.

Me hice viejo a los catorce,
correoso a los diecisiete,
loco y joven ya mediada la veintena
y ahora floto en ese lugar intermedio
que hay entre la soledad y las promesas.

Hablo solo por la calle,
bebo Bourbon,
le escribo al mundo
y fumo a solas.
Me esfuerzo en encontrar el compás,
el tempo adecuado que
acune estos versos
míos, tuyos; ojalá nuestros.
Ojala sean para ella estos versos.

Dejadme que me presente:
Soy el amante improbable
que vino cansado.
Soy el tipo callado
que hay detrás de la sonrisa.
Soy la voz sin voz de esta afonía.
Soy mis actos.
Soy mis versos.
Soy Alfredo.
El que a pesar de andar perdido aún camina.

Deus ex Facebook

facebook jesusDesde hace algún tiempo vengo observando una corriente que, si bien no es mayoritaria,  si está creciendo día a día. Me refiero a las personas que deciden dejar de interactuar en Redes Sociales. Usuarios que en su momento estuvieron activos ya sea en Facebook, Twitter o cualquier otra red y deciden rescatar sus datos y cerrar sus perfiles.  Las cifras nos dicen que un 9% de los usuarios de internet entre 16 y 45 años nunca utilizada RR.SS. Solo en Facebook, el 15% de los perfiles están inactivos o sin actualizar desde hace mas de un año. En Google+, la cifra asciende hasta el 60%. (Fuente The Cocktail Analysis).

Trabajo en RR.SS. (si lo sé, es muy cool…) y desde que me percaté de esta tendencia he estado recabando opiniones y datos entre amigos y desde el trabajo de los motivos que llevan a esta desafección.  La mayoría de las personas que están optando por “desconectarse” aducen razones que van desde lo filosófico a lo sociológico. Casi todos consideran que las RR.SS. suponen un riesgo para su privacidad y también es muy común que estén convencidos de que una excesiva interacción social vía internet suponga descuidar las relaciones, digamos presenciales. O incluso que devalúan el valor de las mismas. No tengo ningún interés en emitir juicios de valor sobre las prioridades de los demás pero creo que en la mayoría de los casos estas personas construyen sus afirmaciones de forma poco reflexiva y en ocasiones directamente equivocada. Pero antes de entrar en materia me van a permitir que me vaya un poco por las ramas.

Corría el año 1812 cuando en Inglaterra una parte del movimiento obrero se reunió en torno a un líder ficticio. Crearon a un personaje llamado Capitán Ludd para despistar a la policía y tenerla persiguiendo a un fantasma mientras ellos desarrollaban su ofensiva contra el peor enemigo de la clase trabajadora: las máquinas.  Iniciaron una campaña de ataques contra fábricas, que no contra personas. Creían que la incipiente maquinaria industrial les quitaba el trabajo y realizaron diversos ataques y sabotajes. La historia del Ludismo, así se llamó a este movimiento, no solo es curiosa. Ejemplifica a la perfección como un mal análisis puede conducir a acciones equivocadas.  Las máquinas son objetos inanimados, carecen de voluntad. No son buenas ni malas, simplemente son. Los Ludistas se equivocaron al identificar a su enemigo. La tecnología está al servicio de sus dueños y es a ellos a los que hay que exigirles responsabilidades. Culpar a una máquina de nuestros problemas no solo carece de sentido sino que nos aleja de conocer y por lo tanto paliar el autentico motivo de los mismos.

Al igual que los Ludistas, cometeremos un error si identificamos a las RR.SS como a un enemigo. Hay que profundizar mucho más. Tampoco son simplemente un nuevo canal de comunicación. No son inocuas.  A nivel empresarial, ver esta nueva tecnología como una parte más que encuadrar en una estrategia de multicanalidad ya existente, nos llevará a  sacar conclusiones inexactas. Este tipo de software lejos de ser simplemente un nuevo canal de información o una amenaza  es toda una nueva forma de entender la comunicación. Hace años que estamos acostumbrados buscar online a una velocidad casi instantánea. También podemos enviar correo electrónico e incluso chatear en tiempo real. Pero esa tecnología (la web 1.0) carecía de la capacidad de interaccionar socialmente en tiempo real con una pluralidad de usuarios. Al menos de forma plena. Empresas como Twitter o Facebook han sido pioneras en crear  herramientas específicamente diseñadas para la hiperconexión. Esta nueva realidad ha modificado nuestras vidas de forma muy profunda. El ejemplo más claro es la evolución del concepto de privacidad.  Para la mayoría de las personas de la generación de mis padres es algo terrible que alguien en internet pueda saber que hacen constantemente o acceder a sus fotos personales. Sin embargo Instagram tiene más de 100 millones de usuarios.

Nos enfrentamos pues a un dilema. ¿Qué son las RR.SS? ¿Un instrumento de dominación cultural o un “lugar” donde expresarnos libremente? ¿Un peligro para nuestra privacidad o un nuevo paradigma de interacción social?

El “Ludismo de Redes Sociales” se cimenta sobre la idea equivocada de que la tecnología que hace posible el funcionamiento de sitios como Facebook o Twitter es intrínsecamente mala o en su defecto que las consecuencias de su utilización es perniciosa. Pero el problema no está en las RR.SS. como mecanismo de interacción social sino como producto de consumo.  Vivimos en una sociedad muy diferente de la de principios del siglo XIX. El capitalismo continúa siendo una maquina eficiente de producción, como ya lo era hace un siglo. Pero el mundo y sus habitantes hemos cambiado. El nuevo capitalismo es una maquina anclada sobre el consumo en masa. Pero para poder ofrecer de manera ilimitada un catálogo de productos tentadores ha conseguido vender ficción. Lo que realmente pone en manos de millones de ávidos consumidores es trascendencia. El nuevo consumo se orienta a la adquisición de unos bienes que conlleven una plusvalía simbólica. Que eleven al consumidor un peldaño por encima de las demás abejas compradoras del panal y nos aporten exclusividad. A día de hoy lo que consumimos son símbolos reconocibles por los demás. Buscamos productos cuya imagen de marca se parezca a lo que queremos ser y de esta forma confiamos en que esas características se nos asocien por transferencia. Si Rolex es lujo y yo me compro un reloj de esta marca lo que obtengo es una manera sencilla de que cualquiera que me vea asocie a mí persona la imagen de alguien con dinero. De esta forma el cambio sociológico y de mentalidad que se produce es gigantesco. Pasando de un capitalismo filo-esclavista donde los obreros solamente eran mano de obra al “Love Mark”. Lo que busca el nuevo capitalismo no es hacerse temer, sino querer”(Verdú, Vicente [2006] “El estilo del mundo, la vida en el capitalismo de ficción”, Barcelona, Anagrama). En la sociedad actual este consumo de la trascendencia ha facilitado toda una nueva visión de la vida sustentada en figuras ficticias. Al contrario que la simple adquisición de un producto que objetivamente se necesita, en este nuevo capitalismo las necesidades a cubrir son distintas. Resulta evidente que existen necesidades vitales que cubrir tales como alimentarse, o el acceso a una cobertura médica, pero por encima de ellas el objetivo actual es alimentar otra parte de nosotros, nuestras necesidades de reconocimiento y autoafirmación.  Es por este motivo que las Redes Sociales han cambiado de forma tan rápida y profunda el mundo. Han venido a cimentar nuestra necesidad de exponernos para ser reconocidos como seres únicos y especiales, aunque también como individuos sociales e integrados.

El consumo acrítico es extraordinariamente nocivo en todos los casos pero si hablamos de RR.SS.  especialmente. Esta nueva tecnología se sustenta por una suerte de hilo de entropía. Subo información y recibo información. Debemos plantearnos siempre que parte de nosotros mismos dejamos ver a aquellos cuyo negocio es vendernos felicidad. Del mismo modo toda la información que recibimos debe ser filtrada por el tamiz de una postura crítica.

Un libro carece de peligro un Red Social no. Un libro no deja de ser la opinión envasada de otra persona. Podemos cerrarlo o simplemente no hacerle caso. Quien se pone en contacto con nosotros a través de una Red Social sabe quién somos y por tanto su capacidad de influencia será más sutil, más profunda y más peligrosa. Pero no solo en el exterior están los peligros. Como hemos dicho antes somos individuos gregarios y las RR.SS. nos sirven como escaparate para sentirnos parte de un cuerpo social. Hemos de tener en cuenta que esta hiperconexión sumada a la ausencia de reflexión pueden crear una cultura de la imitación masiva como mecanismo de pertenencia. Corremos el riesgo de perdernos a nosotros mismos. Hemos de educarnos en este nuevo paradigma para sortear los peligros existentes y poder disfrutar de los enormes beneficios que se nos plantean.

Esta nueva realidad nos está permitiendo vivir un tiempo inédito en la historia de la humanidad. Nunca antes el flujo de la información fue tan veloz, tan sencillo y tan masivo. Jamás hasta ahora había sido tan fácil intercambiar ideas, puntos de vistas, intereses o simplemente tonterías divertidas.

Hay una definición que, personalmente, me gusta mucho. Es aquella que dice que el poder es la voluntad y capacidad de dominación que podemos ejercer sobre otras personas. Asumiendo esta (magnífica) premisa resulta indiscutible que las RR.SS. han democratizado el poder. La capacidad de ser libre reside en gran medida en la información de que disponemos. Cuanto más y más rápido sepamos, más libremente podremos decidir nuestras acciones. ¿Cómo transformar entonces las RR.SS. en un instrumento de emancipación? Sencillo. Tenemos que politizar nuestro consumo. Uso el término politizar por que  es el que mejor define lo que quiero decir. No estoy hablando de partidos y parlamentos sino de optar por una postura crítica que no huya de los conflictos. Que los asuma y nos ayude a decidir cómo queremos relacionarnos con el mundo en este nuevo siglo donde la instantaneidad global será tan parte de nuestras vidas como el café de la mañana.  Es así como solventaremos los riesgos (que si, existen) para valernos de la tecnología como parte de lo que significará ser libre en el siglo XXI. De esta forma conseguiremos que las RR.SS. devengan en una potente arma que nos permita leer y comparar en tiempo real incontables posturas. Ver y ser vistos. Es nuestra labor y nuestra responsabilidad el investigar y profundizar antes de asumir como propia una cosmovisión que en realidad no nos pertenece. Llevará tiempo y muchas veces será complicado pero el que dijo que la libertad era una meta a la que llegar para luego echarse a dormir, mentía.

Paradise Lost

paradise-lost-the-child-murders-at-robin-hood-hills-movie-poster-1996-1020204519La génesis de esta historia es triste y brutal. Todo comenzó en la West Memphis, una paupérrima ciudad de Arkansas en Estados Unidos. El 6 de mayo de 1993 Stevie Branch, Michael Moore y Christopher Byers, tres niños de 8 años, fueron encontrados muertos en un canal de desagüe situado en Robin Hood Hills, una zona boscosa cercana a su casa. Alguien los había maniatado, golpeado, cortado y asesinado. Lo más terrible de todo es que al jovencísimo Christopher Byers le habían amputado los genitales.

West Memphis es poco más que un suburbio. Una zona deprimida donde muchos de sus habitantes han tenido problemas con la ley. Pero nadie estaba preparado para enfrentarse a algo así. Ni las familias de los tres críos, que fueron devastadas por la muerte de los pequeños. Ni los vecinos, que apenas podían concebir que tal horror sucediera a las puertas de sus casas. Ni desde luego una policía que jamás supo que hacer con el caso.

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Como casi siempre, cuando una multitud no entiende que sucede a su alrededor, la desesperación se adueñó de la ciudad. Ningún ser humano podría cometer tan atroces actos. Si esa es la premisa que guía la búsqueda del culpable es normal que una población herida, asustada y desconcertada dirigiera su mirada hacia lo más parecido a un monstruo que pudieron encontrar. Alguien a quien no podían entender. El 7 de junio la policía detiene para ser interrogado a Jessie Misskelley, un joven de 17 años con un coeficiente intelectual de 72, lo cual lo deja en el límite del retraso mental (la frontera del mismo es un coeficiente de 70). Después de 12 horas de interrogatorio Jessie confiesa que el y dos amigos mas Damien Echols y  Jason Baldwin (de 18 y 16 años respectivamente) habían cometido el crimen.  Los tres jóvenes son detenidos. La policía sospechó de ellos por que pensaron que un crimen de esa naturaleza tenía que estar cometido por una secta satánica. Ni una sola evidencia podía hacer pensar que estaban en lo cierto pero aun así buscaron lo que ellos tenía asociado mentalmente a ese termino. Lo que hallaron fue a tres adolescentes inadaptados, fans de la música Heavy que solían vestir de negro. Esas eran todas las pruebas que tenían cuando sometieron a un chaval de 17 años con una inteligencia apenas funcional a un interrogatorio de 12 horas sin presencia de un abogado ni de miembro alguno de su familia.

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Este caso podría haber caído en el olvido si no fuera por la inesperada aparición de dos cineastas. Joe Berlinger y Bruce Sinofsky decidieron filmar un documental sobre el juicio para la cadena de televisión HBO. 1993 queda muy lejos. La comercialización del sufrimiento humano en Prime Time no había llegado a los extremos nauseabundos  que hoy conocemos. HBO es un canal de pago de tremendo (y merecido) prestigio en USA así que los dos directores consiguieron algo nunca visto hasta entonces, filmar todas las sesiones del juicio y entrevistar libremente a todos los protagonistas. Familiares de victimas y acusados, testigos, abogados y por supuesto a los tres sospechosos. De los centenares de horas de grabación surgió “Paradise Lost (the child murders at robin hood hills)”. Para el que suscribe uno de los mejores documentales de todos los tiempos. Pero es mucho más que eso. Berlinger y Sinofsky nos regalan una miniatura de la vida humana. La película logró caminar por una historia tan turbia sin caer en la demagogia ni en el espectáculo escatológico del sufrimiento ajeno. No hay narrador, ni voz en Off. Simplemente vemos y escuchamos a las personas (que no personajes) cuyas vidas fueron sacudidas por el asesinato de tres jóvenes inocentes y por el linchamiento de otros tres. No hay ficción y no pretende haberla. Durante su visionado, querido lector, se enfadará, sentirá asco y desprecio, sufrirá con las familias y quedará asombrado por algunas actitudes. Como en cualquier thriller sospechará y buscara al culpable… pero cada uno de esos estados de ánimo y de esas actitudes serán reflejos de una realidad pavorosa y seamos sinceros, por eso mismo, fascinante.

El auténtico poder de este film es el de acercarnos a las últimas fronteras del alma humana. El arte es capaz, como ninguna otra creación humana, de rasgar el velo de nuestras vidas para enseñarnos las de los demás. Podemos sentarnos y mirar que sucedió aquellas jornadas del verano de 1993 en la seguridad de nuestra casa pero esas emociones se filtraran más allá de la pantalla. Al fin y al cabo el arte no es otra cosa que eso, el soporte de la empatía.

Hasta aquí llega mi narración. Si quieren saber que sucedió con “Los Tres de West Memphis” acérquense a “Paradise Lost” yo solo podría describir con una voz de segunda mano lo que allí verán con toda crudeza.

Tesis / Antítesis / Síntesis

Tres estudios para un autorretrato. (Francis Bacon)

Tesis

El camino de vuelta
siempre es el peor.
La realidad se obstina
en imponer sus conclusiones.
En matar la inocencia
que acompaña a los principios.
En hacer tristes y oscuros
todos los libros.
Todos los sueños.
Y a todos los niños.

Antítesis

Hay bellezas que presagian la tragedia.
Hay mujeres que solo
deberían vivir en la leyenda.
En el recuerdo de una época fugaz.
A veces el camino de vuelta
es el único camino de salida.
Sin embargo…
Con el paso de los años y lo días
he aprendido que lo contrario del amor,
no es desamor,
Sino cobardía.

Síntesis

Aprieto la estilográfica con los dientes.
Desbrozo la maleza.
Lucho contra esta tierra avara
donde nunca germina la poesía.
Y escucho el susurro quedo
de la memoria cercana.
Puede que mis pies no recuerden
el camino de vuelta a casa,
pero seguro que mis manos
aún pueden borrar las líneas de los mapas,
Y trazar atajos en su espalda.

Era tan grande…

Foto: Marc Ambros

Era tan grande la noche
que se filtraba impertinente a la mañana.
No respetaba mis horas de luz,
ni al sol flotando en el vacío.
No respetaba las leyes de los orbes celestes,
ni mis deseos de claridad a través de la ventana.

Luego fue tan grande el día
que me quemaban las horas sin ocaso.
Infinitas, blanquecinas…
Enemigas de la tierra en rotación.

Pero luego fue tan grande la noche
que el sol no doró mi piel en siglos.
Y fue tan grande el día
que la luz me desveló hasta la locura.

De repente la noche creció. Desmesurada.
Arrasando para siempre a la mañana.
Y el día explotó en mil destellos. Exaltado.
Desterrando con su luz la madrugada.

Y fue tan grande la noche…
Y fue tan grande el día…
Que todas las horas me abrían heridas.

La preciosa imagen que acompaña y embellece este poema es obra de Marc Ambros. (http://www.marcambros.com/) Gran fotógrafo y mejor tipo. Querido lector, si tiene un poco de buen gusto no cometerá el error de perderle la pista.

                                                  

Hoy la mar…

Hoy la mar está sedienta.
En el horizonte devora al cielo.
Azul sobre azul comienza el baile,
lejos. Muy lejos.

Hoy la mar está hambrienta.
Bebe los rayos de luz del faro.
Azul, verde, ocre y negro
bajo el cielo estelado.

Hoy la mar está despierta,
acompañando en silencio a mi canto.
Hoy la mar está serena por los dos.
Hoy la mar me está ayudando.

Desde una casa con vistas al mar

Escribo desde una casa
con vistas al mar.
Gasto mis mañanas en pensar
si cuelgo los cuadros de la alegría
o los de la soledad.
Veo el tiempo pasar a mi vera.
A veces lo atrapo.
A veces lo suelto.
A veces lo acaricio
y casi siempre lo tejo.
Hilos de tiempo en ruecas de sueño.
Hilos de segundos,
hilos de minutos,
hilos mal cosidos.
Hilos sueltos.
Fumo. Bebo y escucho los sonidos de la casa.
Cruje el suelo,
sopla el cierzo,
alas blancas de gaviota contra el viento.
Cada ruido añade una nota
a la vieja melodía del destierro.
Cada ruido de esta casa es un verso, si.
Pero un verso extranjero.

Viento del norte

Hoy sopla viento del norte
Y casi sin darme cuenta
Mi paleta de colores a viajado
Hasta el otoño.

La lluvia de julio es la mas cruel
Porque no debería estar ahí.

Me siento en el sofá
Y fumo a oscuras.
Ilumino mis manos con
La luz del portátil,

Lio otro pitillo.
Me asomo a la ventana,
Miro a un punto cardinal equivocado…
Y escribo y leo y vivo y muero.
Y lo hago todo mas despacio,
Porque no se adonde voy.

Que importa que el viento llene las velas,
Si Penélope se cansó de tejer y destejer nuestras promesas.

El hogar de los suicidas

Tenía 77 años y ayer se pego un tiro en mitad de la calle. No conocemos su nombre, pero si sus últimas palabras. Cuando la policía llegó a la plaza Sintagma, en el centro de Atenas, encontró una nota en su bolsillo en la que este hombre escribió. “soy jubilado. No puedo vivir en estas condiciones. Me niego a buscar comida en la basura. Por eso he decidido poner fin a mi vida”.

Bertolt Brecht escribió en una ocasión. “Las revoluciones se producen, generalmente, en los callejones sin salida”. Cuando no tienes nada, nada puedes perder. La historia de la democracia es la historia de los desheredados, de los luchadores que en las condiciones mas extremas entregaron sus esfuerzos y sus vidas en pos de una lucha por la dignidad. Porqué ésa y no otra es la clave. La dignidad. El derecho a una vida digna y a ser tratado como un ser humano. Pero en demasiadas ocasiones nos olvidamos de aquellos que ante la humillación y la indignidad no tienen fuerzas para luchar.

El suicidio es un tabú cultural. Es una realidad que se oculta. Que incomoda. Y es en ese vacío donde se nutre. Parece que hubiera un pacto de silencio no escrito. Pero cuando uno bucea en los datos, ese silencio se rompe transformándose en un grito terrible. Muchas personas de este país necesitaban que escucháramos su voz pidiendo ayuda, pero preferimos cerrar los ojos y los oídos.

Los últimos datos oficiales sobre el suicidio en España datan de 2009. El Instituto Nacional de Estadística los pone a disposición de cualquiera que quiera consultarlos en su página web. En 2009 la crisis ya había estallado pero no con la crudeza que estamos viviendo en estos días. Aún así ese año por primera vez el suicidio fue la mayor causa de muerte no natural del país. 3429 personas se quitaron la vida, 9 cada día. Por primera vez se suicidan mas personas que las que mueren en accidentes de tráfico.

Puede que no tengamos datos empíricos pero es sintomático que, en la época de mayor desesperación social de la historia reciente del país, la cifra de suicidios se desboque. Nunca, desde mediados de los años setenta, había existido en España tanta contestación ciudadana en las calles. Cada vez más personas se manifiestan abiertamente críticas con el sistema. Cada vez es mayor el número de pequeñas asociaciones ciudadanas que buscan cambiar la dinámica de la vida social. Pero al mismo tiempo cada vez hay mas personas que deciden quitarse la vida. Son dos caras de la misma moneda. Como dije antes, ante la desesperación solo quedan dos salidas. Hacer algo por cambiar las cosas o no hacer nada. Y el suicidio es el caso mas extremo de claudicación. Matarse a uno mismo no es otra cosa que dejar de luchar por vivir.

La maldita palabra crisis se repite tanto que parece haber perdido parte de su significado. Simplifica lo que está sucediendo. Parece, en demasiadas ocasiones, que se habla de ella como de un fenómeno de la naturaleza. Como de unas lluvias torrenciales que provocan desastres y muertes. Algo natural, algo sin culpables. Pero eso es mentira. La crisis no son cifran en carteles luminosos dentro del edificio de la bolsa, ni datos en una tabla de Excel. La crisis son personas que se quedan sin casa y en el mejor de los casos peregrinan a los hogares de familiares o amigos. La crisis son personas viviendo en las calles. Es pasar hambre y ver pasar hambre a aquellos que quieres. La crisis es miedo, nervios, insomnio, ansiedad, tristeza y humillación. La crisis son zapatos con agujeros y ropa remendada. Son migajas que parecen maná caído del cielo. La crisis es esclavitud.

Cuando llevas a una persona a un nivel tal de presión, una de las cosas que puede suceder es que se rompa. Que se rompa por dentro. Las mutilaciones más crueles son las del alma. Hoy todo el mundo recuerda a un farmacéutico griego, pero no por haberse suicidado. Lo recordamos por que en lugar de hacerlo solo y en el silencio de su casa se ha pegado un tiro en mitad de la calle. Toda muerte es una derrota, pero espero que esta logre hacer hincar la rodilla al silencio. La muerte de este jubilado como la de miles de españoles cada año tiene que servir para algo. Tienen que ser la escala con la que medimos el drama. Tienen que recordarnos que ahí fuera, en las calles, no son números los que sufren. No son un juego de luces en la pantalla de televisión. Son personas. Somos nosotros. Tienen que recordarnos que no son 3429 las personas que han fracasado, si no toda una sociedad que ha aprendido demasiado bien a mirar para otro lado.