53520-confusion-el-rotoLlevo unos cuantos años ya escribiendo sobre política en este blog y si de algo se me puede acusar (con razón) es de ser un poco cansino en algunos temas. Pues bien, me reafirmo, ya lo siento. Aquí va uno de mis clásicos: Las elecciones no se deciden en escaños ni en votos, sino en poder. Es la acumulación de poder y la capacidad de utilizarlo lo que dictamina quien ha ganado el partido. Las demás lecturas déjenselas a sus hijos pequeños que viene la navidad y no está de más que crean en cuentos de hadas.

Hay una enorme diferencia entre errar el tiro y dárselo directamente en el pie. Quien intente explicar y entender estos comicios en clave electoral clásica, esto es, pensando en un rango temporal de 4 años de legislatura, tendrá que ir a buscarse una muletas más pronto que tarde. Esto va de otra cosa. Esto va de dos tempos (si, tempos. Como en la música) muy diferenciados. La política española se pone cuántica y empieza a jugarse al mismo tiempo en dos años y en diez. En dos años porque vamos a una legislatura corta donde los movimientos van a ser rápidos. Las mayorías posibles dejan a cualquier gobierno en manos ajenas y estas situaciones no es que acaben mal, es que acaban pronto. Los partidos que empiecen a desangrase en luchas intestinas van a estar jodidos. Pero como decía, esto también tiene una lectura a una década vista. No entender que este país ya es distinto y que la variable generacional ha irrumpido con fuerza puede ser muy peligroso. Los agentes del bipartidismo pueden morir precisamente por haber salido vivos de estas elecciones. Si no se concentran en mirar un poco más allá no verán que su poder está hoy por hoy sustentado sobre unas dinámicas en decadencia. El Partido Popular no puede permitirse ser sexta fuerza política en Cataluña. El Partido Socialista no puede soportar ser cuarto en Madrid. Al PP lo mantiene el voto de las circunscripciones pequeñas, al PSOE el andaluz. Parece poco sensato celebrar que no te has despeñado por un barranco mientras solo te sujeta un cinturón enganchado a una rama.

Pero por encima de estas consideraciones me gustaría poner el foco sobre algo importante, tan importante que puede cambiar para siempre la historia política de España. La actual ley electoral se diseñó para mantener controlado el voto progresista que en los setenta estaba en la ciudades, que una cosa es hacer una transición a la democracia y otra muy diferente que te acabe gobernando el Partido Comunista. Ahora mismo el sesgo producido por un sistema tan poco proporcional es tan enorme como esto: Coalición Canaria obtiene 80.000 votos y 1 escaño, mientras que Unidad Popular con 900.000 sufragios se queda en 2. Podemos seguir, que hay más… Los ecologistas de PACMA con 220.000 votos se quedan fuera del parlamento mientras Bildu consigue 2 diputados con los mismos votos. Por no hablar de que el PSOE con “solo” 340.000 votos más que Podemos, les saca 21 escaños. La lectura de este gap del sistema en términos de justicia / injusticia no me resulta (por obvia) tan interesante como poner el foco en que la realidad ya no cabe en esta ley de 1978. Una norma que estaba diseñada para crear mayorías estables ha dado como resultado el parlamento más fragmentado, sencillamente porque España ya no puede ser pensada con cánones de hace 40 años por mucho que  todavía haya quienes anden buscando el martillo a ver si son capaces de hacer caber a España en este molde tan pequeño. Pero si volvemos al comienzo de este artículo recordemos que la victoria la otorga el poder. Por primera vez en nuestra democracia podemos estar cerca de cambiar la ley electoral. Puede que PP y PSOE sean las primeras fuerzas políticas pero necesitan para conformar gobierno y para que este sobreviva el apoyo, como mínimo, de Ciudadanos y Podemos. Dos partidos golpeados por la ley que ya han dicho que todo pasa por un cambio del régimen electoral. La propuesta de ambos (cambiar a una circunscripción autonómica) no perjudica demasiado a los partidos nacionalistas con lo que por ahí tampoco debería haber demasiado problema. Así pues quien quiera mudarse a la Moncloa deberá transigir en este punto o enfrentarse a unos nuevos comicios de incierto resultado. Hablábamos antes de una legislatura corta. Si los de Iglesias y Rivera logran construir la idea mayoritaria de que no hay gobierno exclusivamente por que populares y socialistas quieren salvar sus privilegios, las próximas (y cercanas) elecciones pueden ser un funeral en Ferraz y Génova. Tal vez se vean obligados a decidir entre herirse de muerte para intentar seguir vivos o intentar seguir vivos a pesar de estar heridos de muerte. Sea como fuere ni la espada ni la pared tienen pinta de desvanecerse en los próximos tiempos. Con un Harakiri murieron las cortes franquistas y con un Harakiri morirá el bipartidismo. Guarden este texto y verán que poco me equivoco.

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1 comment

Came for the music, stayed for the politics

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